El cañón del Colca, el segundo cañón más profundo del mundo con una profundidad de más de 4200 metros, es una maravilla natural única. Su nombre, Colca, significa almacén de comida en quechua y seguramente se debe a la gran cantidad de qolqas que los Collagua construyeron en este valle fértil.
Collagua fue una cultura preincaica que se desarrolló en el valle del Colca y vivió en esta región desde el siglo XIII hasta el siglo XV. Al igual que los incas, usaron exhaustivamente las andanerías para la agricultura y crearon una red extensa de almacenes de comida. Creían en la Pachamama (Madre Tierra) e idolatraban a una montaña cercana llamada Collagata. El choque cultural con los conquistadores españoles no podía ser mayor: creencias religiosas distintas (Pachamama contra Dios) e idiomas diferentes (quechua, más parecido a los idiomas asiáticos, contra español).
El autobús nos recogió a las 3:30 de la madrugada del Airbnb y nos llevó durante cuatro horas por los Andes antes de llegar a un mirador a 4900 metros de altura desde donde se observaban varios volcanes: el volcán activo Sabancaya; el Ampato, donde encontraron a Juanita; y el Chauchani. En Perú existen unos 400 volcanes de los que 190 se encuentran en esta región, llamada el anillo de fuego.

Bajamos dirección al río Colca para ir a Yanque, un pueblo pequeño conocido por su danza Wititi, Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad. Wititi es una danza de cortejo en la que los hombres se visten de mujer para enamorar a las mujeres solteras.
Después del desayuno, volvimos a subir al cañón y paramos en otro mirador camino a la Cruz del Cóndor para disfrutar de unas vistas maravillosas del cañón y de los pueblos de la zona.
Cruz del Cóndor, a 3800 metros y con una profundidad de 1200 metros, fue la mejor parte del día. Es un santuario para cóndores, el mayor pájaro de los Andes (una especie de buitre) que tenía bastante importancia religiosa para muchas culturas precolombinas. Nos quedamos en el santuario una hora antes de bajar a comer a Chivay.

De vuelta a Chivay, un pueblo a la entrada del cañón del Colca, paramos en otro mirador para ver las andanerías de cerca y probar el zumo de sancayo, una bebida refrescante hecha de cactus locales.
En Chivay, antes de comer, teníamos tres actividades opcionales: tirolina atravesando el río Colca, kayak en el río o baños termales. Elegimos el kayak.
La excursión se terminó casi después de comer, con algunas paradas en el Parque Nacional de Salinas y Aguas Blancas para ver vicuñas (alpacas salvajes), llamas y flamencos.

Llegamos a Arequipa a las cinco de la tarde. Puesto que esta era nuestra última noche en la ciudad, probamos platos locales: rototo relleno (pimiento rojo relleno con una salsa blanca con queso y tarta de patata de guarnición) y chicharrón de cuy (cobaya frita con patatas y arroz).