San Pedro de Atacama

San Pedro de Atacama está construida en un oasis en medio del desierto más seco del mundo, el desierto de Atacama, famoso por sus paisajes, sus cielos claros con poca contaminación lumínica ideal para observación espacial y el paraíso para los amantes de la geología.

Su principal actividad económica es el turismo, de hecho, cerca de la Plaza hay varios operadores turísticos, restaurantes, hoteles y hostales. A pesar de no ser muy grande, cuenta con un supermercado turístico y varios almacenes donde se puede comprar comida. Además de excursiones a varias zonas del desierto, se ofrecen otras actividades como ciclismo de montaña, sandboarding o astronomía.

Después de comer, exploramos en centro del pueblo y reservamos tres excursiones: Los valles de la Luna y de Marte (para ver el atardecer), una excursión nocturna de astronomía y la excursión de lagunas altiplánicas y piedras rojas.

  • Día 2: bici de montaña y Valle de la Luna (por la tarde)

Alquilamos dos bicis de montaña por la mañana para seis horas, por un coste de 5000 pesos chilenos cada bici. El alquiler incluía cascos, chaquetas reflectantes, una cámara de recambio, un candado, un hinchador pequeño, un kit para reparar pinchazos y un mapa de la zona. Nos fuimos a la comunidad indígena de Catarpe, un bonito valle fértil a 10 kilómetros al norte de San Pedro, siguiendo las recomendaciones de la persona que nos alquiló las bicis. La entrada a Catarpe cuesta 3000 pesos chilenos por persona y te dan un mapa. Se pueden visitar tres de los puntos marcados en el mapa: la ermita de San Isidro, la Garganta del Diablo (conocida también como Quebrada de Chulakao) y el túnel.

Circulamos por caminos hacia la ermita puesto que era el punto más lejano en el recorrido. Lucas Cenzano construyó la ermita de San Isidro, un pequeño edificio de adobe encalado y puertas azules. Está a 5,7 kilómetros al norte del punto de control. Fuimos despacio ya que camino era muy rocoso y en ocasiones tenía mucha arena. Tras darle una vuelta por fuera a la ermita (estaba cerrada), comimos bajo la sombra de un árbol grande y comenzamos el camino de vuelta a San Pedro.

En el cruce, nos desviamos a la izquierda para visitar la Garganta del Diablo, un cañón espectacular, sinuoso y estrecho que lleva a un mirador en una colina, se trata de una caminata de 2,5 kilómetros que también se puede recorrer con la bici.

Desde el mirador de la Garganta del Diablo

De vuelta al camino principal, nos desviamos hacia la derecha un poco más adelante para ir hacia el túnel, construido en 1930. Este túnel formaba parte de la carretera rural que conectaba San Pedro de Atacama con la ciudad de Calama. Lo cerraron en 1950 debido a las continuadas inundaciones de la temporada de lluvias. Empezamos a subir hacia el túnel con las bicis, pero era una subida difícil para mí y nos fuimos de vuelta a San Pedro donde devolvimos las bicis antes de la excursión por la tarde a los valles de la Luna de Marte.

Valle de la Luna

El Valle de la Luna está en la Cordillera de la Sal, la segunda cordillera más antigua de Chile (que se formó hace unos 20000 años) y es una de las zonas más áridas del desierto de Atacama. Esta zona apenas recibe lluvia durante todo el año, el agua que riega la poca vegetación de la zona proviene de la Cordillera Domeyko (la más antigua) durante la temporada de la lluvia.

El nombre de la zona, Valle de la Luna, se debe a Gustavo Lupei, un académico de la cultura local que vio el parecido entre el paisaje de este valle con las primeras imágenes de la Luna que se televisaron en aquel entonces desde EE.UU.

El Valle de la Luna está constituido de rocas sedimentarias, sal y varios minerales. Sus magníficas dunas grisáceas son una rareza en el desierto rocoso de Atacama. Entre los sedimentos se encuentra yeso, lo que significa que en el pasado hubo muchos crustáceos en la zona. De hecho, hace miles de años, antes del choque tectónico que creó las montañas, esto era un mar.

Para entrar al Valle de la Luna pagamos 3000 pesos chilenos. La primera parada dentro del valle fue cerca de la duna Mayor o Gran Duna, a la que ascendimos para llegar al mirador desde donde se ve la Cordillera Domeyko, los Andes y sus volcanes, y por supuesto, el valle en sí.

Duna Mayor

Nos adentramos en el desierto dejando detrás las dunas de arena y entrar en la zona rocosa, recubierta de una fina costra de sal. En algunas rocas se ven los cristales de sal mientras que otras zonas están recubiertas de una capa frágil de sal desecada que aún está cristalizando.

La segunda parada fue en la formación rocosa llamada Las Tres Marías, cuyo nombre se debe a que dos parecen Marías rezando, había una tercera, pero se rompió hace años.

Tres Marías

En el pasado, esta región vivió de la ganadería y más adelante de la minería, sobre todo nitrato sódico, un fertilizante usado a finales del siglo XIX y principios del XX hasta que se inventaron los fertilizantes químicos. San Pedro de Atacama, que había entrado en una época de bonanza debido a la minería, entró en una época de depresión y algunas familias se dedicaron a la minería de sal para ganarse el sustento. Hoy en día, San Pedro ha recuperado parte de su riqueza gracias al turismo.

El guía nos explicó todo esto en la mina de sal Victoria, la tercera parada, donde se solía extraer sal. El nombre de la mina se debe al nombre de la mujer de su dueño.

Mina Victoria

La última parada dentro del Valle de la Luna fue cerca de la formación rocosa llamada anfiteatro. Este muro inmenso es testimonio de las numerosas transformaciones tectónicas que han dado forma a la zona. Ya habíamos visto el Anfiteatro desde la duna, pero era mucho más impresionante desde cerca.

El Anfiteatro

Paramos para ir a los baños en el punto de control del Valle de la Luna antes de irnos al Valle de Marte para disfrutar del atardecer. Accedimos al Valle de Marte por la parte superior y la entrada tiene un coste de 1000 pesos chilenos por persona.

Desde el mirador al que llegamos teníamos unas vistas del Valle de Marte en sí, un valle de colinas rojizas redondeadas que recuerda al planeta rojo, un paisaje totalmente distinto de las dunas grisáceas del Valle de la Luna. Nos quedamos en el mirador unos 40 minutos antes de volver a San Pedro de Atacama y nuestra cena de Nochevieja en un restaurante que nos gustó.

Valle de Marte

El pueblo estaba lleno de gente celebrando el Año Nuevo. Allí pudimos ver una tradición chilena bien curiosa: montan muñecos grandes llamados monos hechos de ropa vieja y papel y los ponen en sillas viejas. Cuando llega la medianoche, los queman y con los muñecos todas las malas cosas que han pasado durante el año anterior.

Mono
  • Día 3: Pukará de Quitor y excursión de astronomía

Descansamos hasta la hora de comer ya que todo estaba cerrado hasta la tarde debido al día de año nuevo. Para esa noche teníamos reservada la excursión de astronomía de modo que decidimos ir al Museo del Meteorito por la tarde.

El Museo del Meteorito está compuesto de dos cúpulas de hexágonos que contienen una colección de meteoritos encontrados en el desierto de Atacama por dos hermanos. La entrada incluye una audioguía exhaustiva disponible en español, inglés, francés y portugués, y una zona de demostración práctica. La entrada cuesta 4000 pesos por persona. Yo realmente recomiendo su visita.

Museo del Meteorito

Cuando terminamos la visita al museo, nos fuimos andando hasta Pukará de Quitor, un asentamiento preinca fortificado que se construyó en una colina. El pueblo de Pukará está en un lugar estratégico, en una ruta ancestral que también usaron los incas. En las ruinas se han encontrado restos que demuestran que este poblado estuvo habitado permanentemente hasta la llegada de los conquistadores españoles en la década de 1570. En estos momentos (enero de 2020) no se puede acceder al asentamiento, sin embargo, se puede acceder al museo y a dos miradores con unas vistas asombrosas del desierto de Atacama y el Valle de Marte. La entrada tiene un coste de 3000 pesos chilenos por adulto.

Pukará de Quitor

Después de cenar, fuimos hasta el punto de encuentro para la excursión de astronomía. La excursión, un poco desorganizada y con un retraso de casi una hora, nos dio la oportunidad de observar el cielo nocturno en el desierto de Atacama a través de unos telescopios habilitados. Desde los telescopios vimos la superficie de la Luna, dos nebulosas, Sirius y conjuntos estelares. La excursión incluía un coctel una vez acaba la observación, pero nosotros decidimos volver con la primera furgoneta ya que al día siguiente la excursión empezaba pronto.

  • Día 4: Excursión a las Lagunas altiplánicas

El viento frío de la mañana nos saludó mientras desayunábamos en la Laguna Tuyacto tras madrugar para llegar hasta este punto alejado del pueblo. Aunque al agua de la laguna está fría, en la parte de más profunda de la misma se encuentra un manantial de agua caliente cuya agua sale entre 46 y 50 grados centígrados, De hecho, hay un río de lava a 5 kilómetros de profundidad que recorre esta zona volcánica en la que se encuentran 48 volcanes (cinco de ellos aún activos).

Laguna Tuyacto

Al igual que las lagunas altiplánicas de Bolivia, en las lagunas en las bases de los volcanes de Atacama crecen microorganismos que alimentan a los flamencos y los pequeños arbustos que dan de comer a las vicuñas. Son lagunas poco profundas que se crearon hace miles de años por los cambios violentos que dieron forma a los Andes, la Cordillera de la Sal o la Cordillera Domeyko. Anduvimos por un camino de lava petrificada para llegar a un mirador excelente desde el que se veía el salar Talar y una laguna pequeña.

Salar Talar desde el mirador

La lava es el elemento clave para entender la evolución y la forma de este colorido paisaje. Las rocas que lo forman son basalto de volcanes antiguos y el color que tienen depende del nivel de oxidación: las rocas color rojizo es basalto oxidado durante miles de años mientras que las piedras más negras, son erupciones volcánicas más recientes que aún no se han oxidado.

Poco después, entramos al Parque Nacional de los Flamencos, cuya entrada costó 5000 pesos chilenos por adulto. La primera parada en el parque fue en el mirador para ver la Laguna Miñiques (una laguna salada) y la Laguna Miscanti (una laguna de agua dulce), ambas con su propia flora y fauna a pesar de estar separadas solo por un camino de lava. En la caminata desde la Laguna Miñiques hasta la Laguna Miscanti, el guía nos explicó los usos medicinales de algunas de las plantas de la zona.

Laguna Miñiques

La última parada en el parque nacional, fue en el salar de Soncor, un espacio donde se protege a los flamencos, un pájaro prehistórico que solo pone un huevo al año. Al igual que el salar de Uyuni, el salar de Soncor y la laguna Chaxas es una zona rica en litio, al contrario que el salar de Uyuni, este es un salar menos húmedo por lo que agua se evapora rápidamente y las formaciones de sal no son llanas. La laguna es el hogar de un microorganismo antiguo que da de comer a los flamencos y a pájaros migratorios.

Salar Soncor

Comimos en San Pedro en un restaurante agradable bastante tarde, casi a horas españolas, pero la comida estaba muy buena, en especial el pulpo. Después de comer, pusimos una lavadora antes de irnos al día siguiente hacia Salta, Argentina. Volveremos a Chile más adelante, en la zona patagónica de Puerto Natales.

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